JUAN CAMILO – TALENTO LITERARIO

Juan Camilo Arciniegas Vargas, destacado estudiante de Grado 11 del Colegio Salesiano de León XIII de Bogotá, a sus 17 años, pone a soñar a tres generaciones con sus escritos.
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Hoy celebramos juanto a él y su familia, el galardón recibido el pasado fin de semana en el FAS, “Festival Artístico Salesiano” en la modalidad Cuento Literario, concurso que se celebra anualmente a nivel nacional en el cual participaron más de veinte delegaciones de la comunidad salesiana.
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El apoyo de su familia ha sido fundamental para el joven talento que promete dar mucho de que hablar hacia el futuro.
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Los dejo con el escrito que le entrgó este hermoso reconocimiento:

EN LO PROFUNDO

Era una tarde más, después de haberme jugado el partido de mi vida, el cual fue indescriptible; no hubo quien pudiese quitarme el balón, el dominio que tenia y el sentimiento que recorría mi cuerpo al momento de chutar el balón y escuchar el escandaloso ruido de la puerta del gimnasio cuando choca contra esa pesada lata, ¡Dios! No hay nada que supere esa sensación. Pero bueno, ese paraíso terminaría, con el infierno que se avecinaba lentamente, pues me esperaba en el salón un bloque de dos horas completas de algebra.

En mi cabeza nada de eso tenia sentido, números y letras, a que clase de loco maniático se le ocurriría una cosa igual, mientras la maestra llenaba el tablero y mi supuesta presencia en la clase era evidente, mi mente divagaba en otro mundo. Observaba a las nubes pasearse a espaldas de la imponente iglesia del Carmen que se mostraba frente a mi por la ventana llena de barrotes de mi salón, como negándome ese suspiro de libertad, que sentí minutos antes en la cancha de micro. Pero mas que esa necesidad de aire fresco que me llamaba, había algo que me causaba un revoltijo en el estomago, algo que había pensado antes pero que no lo había reflexionado con tanta profundidad, eso retumbo mi pensamiento y me conmovió, pues ya estaba cursando el octavo grado y no conocía totalmente el colegio.

En ese instante escuche una voz fuerte que sobresalto mi atención, y me hizo volver a la realidad de un solo golpe.

– ¡Pérez! puede por favor responder la pregunta-,

– disculpe profe pero ¿a que se refiere?-

-Siga así Pérez y espere a pasar el año por un milagro, mientras usted sigue calentando puesto-.

Como constantemente me llamaban la atención por estar distraído en clase esas palabras ya las había escuchado un millón de veces, la clase continúo al igual que mis descarriados pensamientos.

Entonces  mi mente seguía fija en el problema, solo estaba a escasos tres años de dejar el colegio, en la actualidad al pasar el tiempo tan rápido que eran tres insignificantes años, o 1.095 días, o 26.280 horas, o 1’576.800 minutos, ¡por Dios! Mi tiempo esta contado aquí y yo perdiendo el tiempo sin saber que maravillosos secretos se esconden tras estas paredes. Desde este preciso momento me prometí a mi mismo que descubriría todo lo que se oculta es este mágico lugar.

Cada día desde que entraba al colegio a las seis y media de la mañana, buscaba y me paseaba para ver que lugares del colegio desconocía, aun me atreví a encontrar aquellos lugares donde el paso es restringido para los estudiantes como el mirador que esta arriba del tercer piso y de los salones de séptimo, o la escalera que lleva a las azoteas que rodean a la iglesia y que conectan con el campanario, en conclusión quería conocerlo todo.

A medida que pasaban los días cada lugar de mi lista estaba chuleado y hasta hice un álbum en donde tenia una foto de cada lugar que conocía, no fue una tarea fácil algunos de los lugares había que ser lo suficientemente inteligente y discreto para que no  me descubrieran. Cuando ya estaba por terminar mi ardua tarea, escuche esos típicos rumores de salón, donde decían que dentro del colegio había pasadizos que llevaban a diferentes lugares en la Candelaria, claro, no era la primera vez que lo escuchaba, ni tampoco de esa forma, pero solo para cerciorarme de que mi tarea por conocerlo todo no iba a quedar incompleta, pregunte a uno de los maestros que lleva mas tiempo dictando clase en las aulas, el me conto; que efectivamente existían, pero que no solo llevaban a sitios en la Candelaria, sino también a lugares mágicos, pero no soy de los niños que se cree todo lo que le dicen, como mi abuelo diría, “no como entero”.

Entonces recurrí a instruirme mas sobre estos supuestos rumores de los pasadizos, algunos afirmaban que debajo de la piedra de la fuente al lado de los pinos había uno, pero por mas que observe, mire y analice no encontré manera de que allí pudiera encontrarse, entonces seguí con mi investigación, otros decían que en el camarín y otros negaban esto, pero la curiosidad me ganaba y entre a investigar, pero por mas que di vueltas y vueltas allí dentro, procurando ser lo mas sigiloso posible, no encontré nada.

Completada ya la lista de los lugares, me sentí orgulloso de poder decir que estuve donde ningún otro estudiante ha llegado y sin ser descubierto ni una sola vez, no podría creerlo, ¡si tan solo pudiese poner el mismo empeño en la clase de matemáticas mejoraría mucho mi condición!

Pero por más orgulloso que me sintiera todas las noches rondaba en mi cabeza aquella idea de los pasadizos y mi pena de no poder encontrar ninguno. Un día, durante la clase de sociales nos llevaron a el salón Don Bosco, había escuchado que detrás de algunas sillas de la tarima se encontraba un viejo ascensor que llevaba a la biblioteca, cuando la profesora se distrajo fui atrás y observe, para mi sorpresa estaba allí, pero por mas que intente no logre mover las sillas, pero eso no me detendría, volvería después.

Cuando termino la clase, la maestra salió del salón y yo fui el ultimo en salir, era la hora de almuerzo y sabia que la biblioteca estaría cerrada, entonces me encerré en el salón y sin hacer mucho ruido empezó mi tarea. Despeje el área corriendo una por una las pilas de sillas metálicas que estaban ahí, luego me enfoque en la oxidada puerta que aseguraba el ascensor , de algo serviría la feria de ciencia, en la cual aprendí que la coca cola podría ayudar a quitar el oxido y por suerte tenia una en mi maleta, pude desatascar la puerta y el candado que estaba cerrado por tanta corrosión, al fin mi corazón latía muy fuerte, entré a la plataforma del ascensor, lógicamente tenia miedo de que tan segura e inteligente fue mi idea, pero seguí adelante.

Estando allí dentro observé que tenia una polea, esta tenia unas marcas para subir y bajar hasta el nivel deseado, me temblaban las manos y empecé a girar poco a poco la manija, cuando descendía la luz se iba acabando, sabia el peligro que corría, nadie sabia que yo estaba ahí, pero intentaba no pensar en eso. Al fin empezó a notarse un rayo de luz y sabia que era la de la biblioteca, llegue a ese nivel y observe como era todo dentro de la bodega, hasta encontré un libro muy antiguo con datos biográficos del colegio.

Cuando ya había paseado lo suficiente, decidí volver a subir, en el momento que aborde el antiguo ascensor, percibí que debajo había un vacío y que podía seguir descendiendo, pero en mi cabeza se llenaba de la voz de la razón que me decía que no debía hacerlo, pero la intriga gano, pensaba en el dicho “la curiosidad mato al gato”, menos mal no soy uno.

Al descender se mostraba cada vez mas clara una luz cálida como de fuego, al llegar me di cuenta que aquella luz eran unas antorchas que marcaban un sendero, tome una que se encontraba en un soporte y empecé a adentrarme en el oscuro camino. Paso a paso sentía que era la aventura mas grande que había vivido, el túnel estaba muy bien construido, era un arco en ladrillo, con detalles tan precisos que cada piedra del suelo tenia tallado el escudo del colegio.

Después de unos minutos caminando en un sentido de espiral descendiente, encontraba palabras que reconocía, que había escuchado en clase de ética, religión y todas esas clases que creí que nunca me servirían de nada, eran como una secuencia de hechos y de frases que Don Bosco había dejado en su legado salesiano. Llegue a un punto donde se bifurcaba el camino y cada uno tenía una puerta; muy similares, salvo unas cuantas diferencias.

En ambas estaba el escudo salesiano en bronce, eran puertas enormes y me fije muy bien en los detalles, suerte para mi habíamos estudiado a la perfección todo lo referente a los salesianos, *la representación de la estrella radiante, el áncora y el corazón en llamas simbolizan la fe, la esperanza y la caridad: las tres virtudes teologales, el bosque de la parte inferior evoca al fundador, pues “Bosco” en italiano sínica bosque, las altas montañas marcan las cimas de la perfección a la que deben tender los salesianos, la palma y el laurel que abrazan el escudo hasta la mitad son emblemas del premio reservado a una vida sacrificada y virtuosa, el lema “Da mihi ánimas, céetera tolle”, expresa el ideal de todo salesiano: buscar siempre y sobre todo el bien de los jóvenes, la cruz en lo alto indica el fundamento y fin de la misión salesiana: Jesucristo*.

Para descubrir el camino verdadero había que tener cuidado, solo en uno de los escudos, todos los símbolos estaban en completo orden y bien puestos entonces decidí seguir por esa puerta. Transcurridos algunos minutos me empezaba a desesperar pues no llevaba a ninguna parte, después divisé que en el suelo habían gravados, una seria de valores éticos como tolerancia, equidad, respeto, sabiduría entre otros y en el techo decía una frase, solo un verdadero salesiano tiene firmes sus cimientos para sostener firme su casa, empecé a pensar entonces en Don Bosco y su pedagogía.

-“si habla de cimientos, entonces puede referirse a los pilares que son, razón religión y amor”-

Entonces pise únicamente en los que tenían escrito esto, pude pasar hasta el punto donde ya ningún ladrillo estaba marcado, y cada vez se iba tornando más preocupante la situación, a lo lejos se divisaba un tenue rayo de luz que se fue  ensanchando a medida que me acercaba. Ese rayo de luz apuntaba a un reclinatorio que brillaba como oro, y tenía una inscripción que decía: “solo a una madre se le puede agradecer por el regalo de vida”.

De ahí deduje que era otro acertijo, Don Bosco baso toda su obra en María Auxiliadora, entonces cerré los ojos y tan fuerte como pude rece el Ave María, cuando termine, se empezó a dividir la pared en dos y de adentro brotaba un pequeño libro, me acerque y lo tome, tenía en su interior pocas páginas pero leí cada una de ellas, al leerlo me conmovió por el mensaje tan grande que tenía consigo. “Habéis llegado hasta aquí, donde solamente un verdadero salesiano puede llegar, tenéis consigo la fuerza para que en vuestro actuar una guía siempre os acompañe, vuestro carácter para afrontar cada obstáculo que se os atravesó en el camino no fue excusa para regresar, lleváis consigo todo el legado y el logro de la misión de Don Bosco, confiáis en vos y llegarais lejos, siempre de la mano de la virgen y de Dios….”.

Al terminar de leerlo lo deje en su sitio, nuevamente se cerró la pared y empezó a subir la plataforma de piedra en la que estaba parado, llegue a la entrada del ascensor y sin pensarlo entre nuevamente, llevando una sonrisa y una alegría por lo que había ocurrido, pero sin descuidar el apuro que tenía, pues seguramente la clase ya había empezado. Subí tan discreta y velozmente como pude, llegue al salón Don Bosco y organicé todo de manera que no se notara que alguien hubiese estado ahí, cuando salí del salón acababa de sonar el timbre para entrar a clase, pero el tiempo lógicamente había pasado mucho más rápido allí abajo, entré al salón mirando todo a mi alrededor con la satisfacción y el gran orgullo de sentirme un verdadero SALESIANO.

Fin

* Tomado del P.E.P.S  pag 9- capitulo 1 año 2006

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3 respuestas a JUAN CAMILO – TALENTO LITERARIO

  1. Rafita no habia podido entrar a mirar y comentar al respecto, ante todo muchas Gracias por tomarse ese tiempo para hacer ese trabajo y comentarios al cuento literario de Juank, un Abrazo y solamente tengo que decir que espectacular!!! Gerardo

  2. Gustavo Caballero dijo:

    Interesante, sobre todo la ultima parte, la del mensaje. Pero procura tener cuidado con la ortografía .

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